Ligero de equipaje - Por Diego Andrés Miranda / ¿Qué ventajas tiene tener pocas cosas?; ¿A veces menos es más?; ¿Cuánto necesitamos realmente?;

 

Viajar por el mundo puede ser un deseo recurrente para muchas de las personas adultas hoy día, pero al mismo tiempo es una idea que consideramos incansable dadas las difíciles circunstancias económicas que nos rodean. Cuando me preparaba para ir a la universidad pensaba en los problemas que resultarían de viajar por el mundo de forma indefinida. En mi mente rondaban las preguntas; ¿de qué voy a vivir? ¿dónde voy a dormir? ¿con qué dinero voy costear los traslados? Entre otras, que me hicieron declinar de este deseo de aventura. 

La necesidad de estabilidad material, alcanzada por la adquisición de bienes y servicios me hizo, poco a poco, olvidar el deseo de conocer otros lugares; de vivir experiencias desconocidas y de volverme un ciudadano del mundo; todo el peso de mi existencia cayó anclada en el ejercicio de mi profesión; en la búsqueda de una estabilidad económica que al final nunca llegó, porque experimenté como el trabajo me imponía situaciones de consumo que parecían nacer de mi voluntad, pero solo eran reflejo de estrategias de mercadeo para el impulso de una economía de dígitos financieros.

El tema de la libertad individual me llena de mucha curiosidad. En nuestra modernidad se habla de la libertad individual haciendo referencia a la posibilidad de adquirir determinados bienes o servicios; la libertad se encuentra enmarcada en términos de consumo y no, en términos felicidad. Seguramente los viajeros de profesión no poseen más bienes materiales que los que pueden llevar consigo. En dichos términos observo una especie de libertad que se distancia del deseo por adquirir bienes materiales, lujos y demás; circunstancias que mantienen atado a la persona a un determinado lugar.

Algunas personas podrían diferir al pensar que lo mencionado carece de validez, si se observa el ejemplo de personas millonarias, la cuales, se mueven por el mundo sin tener el mínimo inconveniente y, que poseen además propiedades inmobiliarias que les permiten vivir durante algún determinado tiempo en una u otra parte del planeta. Esas son situaciones excepcionales; dado, que para la gran mayoría de personas del planeta tierra, el adquirir bienes materiales supone un esfuerzo muy grande. Hecho sumando a que, en muchos países al adquirir una inmueble, por ejemplo, se adquieren de manera automática gastos que se relacionan con el pago de impuestos gubernamentales, pago de servicios públicos, costos de vigilancia y seguridad, mantenimiento, entre otros. Podríamos mencionar también otro ejemplo similar, adquirir un coche; automáticamente nacen con esta adquisición otros gastos conexos como los son la adquisición constante de combustible, el pago de seguros de movilidad, gastos de mantenimiento de llantas, partes mecánicas y estéticas del mismo, etc. 

Así las cosas, la estabilidad material relacionada con la adquisición de bienes y servicios lleva consigo muchas otras obligaciones que poco a poco van mermando la posibilidad de movernos libremente por el mundo y poder asumir un sentimiento y estilo de vida libre de ciudadanos del mundo; por mencionarlo de alguna manera. 

No obstante, lo dicho hasta ahora, no se ve resuelto el problema de las necesidades básicas; a saber, alojamiento, comida y atención básica en salud. Durante mucho tiempo las culturas nómadas y los viajeros de profesión, también llamados mochileros, han sido objeto de estigmatización social; aún en la actualidad, las comunidades nómadas, como los gitanos, son catalogados como exóticos en sus costumbres y se presentan programas de televisión dónde se les exhibe como un grupo de personas violentas y con poco aporte a la sociedad en general. En el caso de los mochileros, la situación no varía mucho y en la mayoría de casos son vistos de forma marginal y rechazados en otro tanto.

La necesidad de contar con un techo dónde dormir y la capacidad de procurar los alimentos ha sido resuelta por las personas nómadas a través del ejercicio de la creatividad; de acuerdo a la cultura antropológica actual, la creatividad fue determinante para el concepto de civilización humana. Algunos textos por otra parte señalan que los rasgos de civilización se observan por el cultivo de los saberes medicinales y el cuidado de la salud; sin embargo, las evidencias más abundantes de civilización originaria se ubican en las representaciones artísticas y pinturas rupestres, como las del recientemente conocido santuario de arte pictográfico ubicado en la serranía del Chibiriquete, en Colombia.

La creatividad, sin lugar a dudas, es una característica humana por excelencia. En el libro Cien años de soledad del escritor Gabriel García Márquez, se narra con muchísima relevancia la llegada de los gitanos a Macondo. La participación de esta comunidad nómada en la historia del colombiano, no es circunstancial. Al punto, que desde el inicio de la novela se menciona su aporte de creatividad e ingenio y que generó toda suerte de asombrosos eventos; como el día en que por primera vez el Coronel Aureliano Buendía fue llevado por su padre a conocer el hielo.

Los gitanos, desde mi perspectiva, son la clave en el entramado narrativo de la historia de Macondo. Los gitanos llegaron a Macondo guiados por el canto de los pájaros; y, de acuerdo con la profecía hecha por el gitano Melquiades, cómplice y amigo de José Arcadio Buendía, padre de la estirpe de los Buendía; Macondo desapareció de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno.

Al estilo de los gitanos, con arte y creatividad, se pueden afrontar los distintos retos que se nos presentan en la vida diaria. Por un lado, es innegable como las generaciones actuales se encuentran sumidas en el sin sentido del materialismo occidental. Una esclavitud bien explicada por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, en su ensayo titulado "La sociedad del cansancio". Que, por el deseo de adquirir bienes materiales, las personas de la sociedad actual, accedemos a esclavizarnos a nosotros mismos, a través del trabajo excesivo y el consumo.

Como una forma de huir de la presión social por adquirir bienes materiales, se está popularizando una concepción social y filosófica conocida como Minimalismo. El Minimalismo se inspira en la filosofía estoica principalmente; pero también nos recuerda de manera especial las enseñanzas de Diógenes de Sinope, para el cual, la felicidad provenía del desprendimiento absoluto de los bienes materiales.

El Minimalismo como concepto y estilo de vida, ha permeado no solo la conducta de muchas personas que, luego de disfrutar del algún tipo de éxito laboral o material se perciben así mismas como infelices, no obstante, la cantidad de bienes materiales adquiridos y el alto nivel de consumo en fiestas, restaurantes y espectáculos. Actualmente el minimalismo es observado en la arquitectura y el diseño de interiores, donde la simpleza del mismo y la función de los objetos representan la razón de ser. 

Vivir solamente con lo necesario. Este es el lema de las personas que siguen un estilo de vida minimalista. Esta filosofía podría fácilmente hacer remembranza de las caravanas de los gitanos nómadas, los cuales viajan con todos los bienes que les son absolutamente necesarios; desprendiéndose del deseo de asentarse en un lugar determinado o ejercer la posesión de un pedazo de tierra en particular. 

El tipo de vivienda gitano, móvil y con los objetos apenas necesarios, es resaltado en las nuevas tendencias de viviendas pequeñas o minimalistas, las cuales ofrecen la posibilidad de ser trasladas de lugar a discreción del propietario y las cuales cuentan con los servicios indispensables para cubrir las necesidades básicas de protección de la intemperie y el hambre.

Este salto en el pensamiento está siendo muy explorado en la actualidad. Ejemplo de ello, es el documental de Netflix Minimalism: A Documentary About the Important Things; en él se presenta un estilo de vida que recuerda mucho las raíces de la vida natural, la cual invita al contacto con las personas y más que con los objetos. Se invita a las personas a valorar más las emociones y las relaciones humanas que el placer que se obtiene al adquirir cosas. La creatividad de las personas es indispensable. Nuevas formas de trabajar, favorecidas por las medidas estatales contra el COVID, han facilitado que las personas puedan generar ingresos desde un computador con internet y vivir viajando, si lo desean. 

Con la creación de nuevas maneras de trabajo por internet se puede facilitar un viaje de encuentro con los valores realmente naturales, como la empatía, la solidaridad, la fraternidad; facilitado por estas tendencias en diseño minimalista de hogares adaptadas a un mundo cambiante.

Diego Andrés Miranda es abogado con experiencia en contratación pública, docencia universitaria y Derecho del Medio Ambiente. Es consultor en asuntos ambientales para diferentes obras contratadas con el Estado (Colombia) y asesora a organizaciones civiles en temas de economía circular y reciclaje, con  aplicación del marco regulatorio establecido para dicho fin.
Se unió a intrepids.org para aplicar sus conocimientos en ser parte del cambio que quiere ver en el mundo. 


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