Un sueño de obsolescencia - Por Diego A. Miranda / Relato corto sobre la obsolescencia programada

 

Antonio se despertó creyendo que ese día sería el mejor de su vida. Su primer movimiento corporal fue buscar con la vista el reloj de pared y confirmar que eran las 7 de la mañana; la hora en que había deseado despertar, según su ultimo pensamiento, antes de dormir. Era la hora perfecta para despertar; podía desayunar con calma, preparar mentalmente las palabras que usaría en la reunión virtual que tendría a las 9 de la mañana y hacer un poco de ejercicio. Vaya! Que le hacía un poco de falta.

Se levantó de la cama con calma. Se dirigió a la cocina a prepararse un buen desayuno. Consciente de los pocos conocimientos que tenía en culinaria, que, con la motivación suficiente, le eran suficientes para preparar café y freír un par de huevos con tocino. Su propósito se vio frustrado por la falta de operación de la cafetera. Todo estaba en su lugar; el agua suficiente para una taza generosa, la cantidad de café granulado que se indica en el manual de operación; pero la cafetera no estaba de ánimo para cafetear; pensó. 

Buscó en el mueble donde acostumbra a guardar los documentos y garantías, el manual de operación del electrodoméstico para verificar que no estuviera ejecutándolo inadecuadamente. Su lectura fue rápida; y, confirmó que los pasos eran los indicados. De hecho, era solo uno; conectar a la red eléctrica y accionar el único botón que tenía el aparato. Nada tenía porque fallar. A menos que se hubiera averiado y pensó en el tiempo de uso que tenia del mismo.

Ese día se cumplían exactamente 6 meses de uso, tiempo coincidente con la garantía ofrecida por el fabricante y que, además, se recalcaba en un aparte del extracto de la garantía que nunca antes había leído. El "manifiesto" de obsolescencia programada; según el cual, el fabricante, para no alterar el ciclo natural del consumo, elaboraba sus productos programados para funcionar por un determinado tiempo, y así, sus clientes pudieran disfrutar de los productos más recientes, y no se perdieran de las tendencias en moda para el hogar.

Antonio, al terminar de leer el manifiesto de obsolescencia entendió que no podría tomar la taza de café que se había imaginado al despertar. Pero su ánimo no había sufrido el más mínimo cambio; al fin al cabo, ya había pensado en hacer algunas compras en el comercio y no estaba de más tener una cafetera nueva. Optó por prepararse una taza de té. Se dirigió al microondas con una taza de agua, con el objetivo de calentarla lo suficiente y olvidar el inesperado suceso de la obsolescencia de la cafetera; pero no fue posible. También el microondas falló esa mañana. Por más que buscó el manual del electrodoméstico, no lo encontró y, por lo tanto, no pudo verificar la garantía de fabricación y su estimación de vida útil. Lo cierto fue que no funcionó. 

Hambriento y desanimado, buscó el reloj para tener presente el tiempo restante para su reunión de trabajo, cuando descubrió con sorpresa que seguían siendo las 7 de la mañana. Sin lugar a dudas, el reloj también había dejado de funcionar. Vaya sorpresa. 

¿Qué está sucediendo? Se dijo en voz alta mientras se dirigía en busca de su celular para confirmar que eran las 10 de la mañana y que, según los mensajes de texto de su jefe, no solo tendría que buscar una nueva cafetera, microondas, reloj, si no también otro trabajo. La obsolescencia programada le había jugado una mala pasada. Esto no puede ser correcto; pensó. 

Con tiempo suficiente para la reflexión, se entristeció por lo evidente que es la obsolescencia programada en nuestros días y, cómo esta contribuye a la generación desmedida de residuos. 

Los aparatos que habían dejado de funcionar lograban ser tan baratos que parecía lógico comprar otros en reemplazo. Y esa es la cuestión detrás; los productos se fabrican de tal forma que puedan ser adquiridos con facilidad y desechados más rápidamente. ¡Esto debe ser un mal sueño!

En efecto fue un sueño. Antonio despertó a tiempo para tomar el desayuno y realizar todas las actividades que se había propuesto el día anterior. Sin embargo, no dejó de pensar en ningún momento en lo curioso del sueño que había tenido. Lo que llamó su atención no fue casualmente que sus aparatos domésticos dejaran de funcionar el mismo día, en el momento menos oportuno. Lo más curioso de todo fue el manifiesto de obsolescencia. Esto parecería ser una burla para el consumidor, pero lo más preocupante del asunto es la naturalidad con que se muestra el acto de desechar bienes y, por lo tanto, la irresponsabilidad social por la alta contaminación que se está produciendo por el consumo desmedido de todo tipo de bienes, así como por la falta de empatía de los fabricantes en relación al daño ambiental que se le hace al planeta. 

Desde ese momento Antonio se propuso ser un consumidor responsable. Investigó sobre la política económica de circularización de las cadenas de producción y la importancia de reutilizar las cosas. Se comprometió con el medio ambiente y la sociedad en general, para evitar desechar residuos sólidos, apechándolos de todas las formas posibles o entregándolos a quien si los pudiera aprovechar. Antonino no volvió a ser el mismo.

Diego Andrés Miranda es abogado con experiencia en contratación pública, docencia universitaria y Derecho del Medio Ambiente. Es consultor en asuntos ambientales para diferentes obras contratadas con el Estado (Colombia) y asesora a organizaciones civiles en temas de economía circular y reciclaje, con  aplicación del marco regulatorio establecido para dicho fin.

Se unió a intrepids.org para aplicar sus conocimientos en ser parte del cambio que quiere ver en el mundo


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